Los maestros venezolanos son de los peores pagados en el continente

Los maestros venezolanos son de los peor pagados en el continente

Tan sólo por la educación puede el hombre llegar a ser hombre.

Immanuel Kant

Desde hace 9 años, María Emilia Aguilar es maestra de primer grado en una escuela pública en Caracas. Cuando comenzó su carrera en la docencia era de esas personas que creían en que la educación es la verdadera solución para los problemas de cualquier país. «Hace 15 años –recuerda–, mientras estudiaba en el Instituto Pedagógico de Caracas, pensaba que al enseñar estaría poniendo mi granito de arena por el futuro del país». Hoy mira hacia el pasado con nostalgia y se deprime al ver que la realidad es muy distinta. El país desmejora día tras día y otro tanto podría decirse de su educación.

«Solía imaginarme a los maestros como a una especie de superhéroes, cuyos poderes eran el conocimiento y la verdad. Pensaba que el saber era capaz de hacer que lo imposible fuera realizable», señala. Ahora no lo tiene tan claro: la ineficiencia de las políticas educativas del Estado, la deficiencia del sistema educativo nacional, los sueldos paupérrimos e injustos, y las malas condiciones laborales de los maestros parecen apuntar a que aquella labor que para María Emilia era de superhéroes no tiene tanta importancia como otras.

Los sueldos de los educadores venezolanos sólo superan los de Bolivia, Costa Rica, Cuba y Uruguay

En diciembre de 2009, la cesta básica fue de Bs.F. 4.414. Un docente III (con ocho años de experiencia y un posgrado) gana Bs.F. 2.206 al mes y sólo podría adquirir el 50% de la canasta familiar.

Según reportes de los distintos gremios de maestros, en los últimos 11 años las reivindicaciones a los educadores han ido mermando cada vez más. Si se considera que para diciembre de 2009 la cesta básica fue de Bs.F. 4.414; entonces, un docente III (con 8 años de experiencia y un posgrado) que percibe un sueldo de Bs.F. 2.206 sólo podría adquirir el 50% de la canasta familiar. Por esta razón, muchos maestros (7 de cada 10, según expertos) deben trabajar doble jornada para sobrevivir y esto disminuye considerablemente su rendimiento.

Ante esta la situación, María Emilia comenta: «No tiene sentido que nos pongan muy por debajo de un médico, un abogado o un político. Cualquiera de ellos tuvo que pasar primero por un maestro antes de convertirse en supremo salvador de los desvalidos. A ellos les lanzan flores y, en cambio, a nosotros ni siquiera voltean a mirarnos. El pasado 15 de enero, en vez de felicitarnos por nuestro día, debieron darnos el pésame: la educación venezolana está herida de muerte y al parecer a pocos les importa».

Si son pocas las esperanzas de vida de la educación en Venezuela, ¿qué será de las generaciones futuras? ¿Se puede elegir mejorar el país si a los líderes del mañana se les impide tener la educación que se merecen?

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