Todos somos iguales ante la ley,
pero no ante los encargados de aplicarla.
Una misión: «La Asamblea Nacional tiene como misión legislar en las materias de la competencia nacional, ejercer funciones de control sobre el gobierno y la administración pública, organizar y promover la participación ciudadana, proponer enmiendas y reformas a esta Constitución».
No a muchas personas se les ocurre encender el televisor y sentarse a ver ANTV (Asamblea Nacional Televisión), esta nueva, o innovadora, propuesta de llevar la «democracia legislativa» mediante el canal de nuestro seno legislador.
A nosotros los abogados (bueno, en mi caso estudiante de Derecho) de vez en cuando nos nace la incomprensible voluntad de sintonizar este canal y observar a nuestros 175 diputados postrados en sus curules enfrente a sus computadoras. Muchas veces, o casi siempre, se puede verlos distraídos, sobre todo cuando están en sesión sobre la discusión de algún proyecto de ley. Entonces es curioso observar cómo todos en la sala aprueban sin mirar, sin oír con total atención alguna ley que próximamente regirá nuestra vida en sociedad.
La Constitución y la Ley Orgánica de la Asamblea Nacional disponen una serie de artículos que norman los procedimientos sancionatorios de las leyes. Se exige, por ejemplo, dos discusiones: una primera sobre el fondo, intención, alcance y fundamento o preámbulo de la ley, y luego una segunda basada en la discusión artículo por artículo de la ley en cuestión. Pero es decepcionante notar cómo son apenas leídos los artículos y aprobados de manera inmediata con abrupta aceptación, sin oposición o crítica alguna que los lleve a disputa.
A mí, como estudiante de Derecho, me resulta desmotivador ver el compendio de faltas que se suscitan dentro del recinto legislativo. El desconocimiento de la Carta Magna es constante y cínico no sólo por parte de las autoridades encargadas de aplicarla, sino también por parte de los receptores que no comprenden la ambigüedad con que a veces se presentan estas leyes. Es ahí cuando los legisladores utilizan el preámbulo o fondo de las leyes, que es más sencillo de interpretar y se respaldan en las frasecitas de moda: del bien social, equidad, distribución, democracia participativa, descentralización y otras más que simplemente se convierten en una falacia, Argumentum ad populum (populista), intentando engañar a un pueblo que desconoce de leyes, que les entrega un cheque en blanco a los diputados y éstos simplemente legislan y legislan, haciéndole creer a la gente que se actúa en el marco de la constitución, obviando la misión de organizar y promover la participación ciudadana.
Por eso es primordial exigir que sigan las discusiones y el parlamentarismo de calle en todos los sectores, porque las leyes nos afectan (de manera buena o mala) a todos los ciudadanos. Nuestro derecho y deber es conocer las normas que rigen la sociedad, la Asamblea y sus integrantes deben transmitir y reproducir la información y contenido de estas leyes en disputa para que el pueblo con una base firme y empapada de conocimiento, pueda intervenir, condenar o aprobar las normas legales que nos ordenan socialmente.

