Si Panamá pudo, ¿por qué Venezuela no?

Escrito por Colaborador On Diciembre - 22 - 2009

Casco colonial de Panamá. Marcha Fúnebre en honor a Guillermo Endara, presidente de Panamá durante 1989. 30/9/2009. Aymara Sánchez

Escrito por Aymara Sánchez// colaborador Planta Baja*

 30 de septiembre. 12:30 p.m. Casco histórico de Panamá, cerca de la recién construida cinta costera. Un ambiente lleno de personas consternadas por la muerte de un personaje importante para ellos: don Guillermo Endara.

Tan pequeña es la vivencia que obtuve en ese momento como lo grande de su significado. Mujeres y hombres con pañuelos blancos esperaban el carro que llevaba los restos del fallecido Endara y esperaban al líder que recientemente decidió llevar las riendas de este país, el presidente Ricardo Martinelli.

Pocos policías abordaban el lugar y en una de las camionetas iba el presidente actual rindiendo homenaje a Endara. En los edificios mujeres y niños salían a observar lo ocurrido y por un momento se pudo percibir esa energía de orgullo y fortaleza de Panamá. No podía creer lo que estaba sucediendo allí: un grupo de ciudadanos expresaban el amor y orgullo a un líder político y a su vez exaltaban su identidad nacional… sólo pude ver dentro de mí y decir: «tengo años que no sé lo que es esa sensación o al menos observarla». La mayoría del tiempo que recuerdo en Venezuela (aproximadamente desde 1997, cuando comenzó el final de la calma relativa que reinaba en el país) sólo podía observar enfrentamientos y agresiones entre bandos políticos y una sed de poder descomunal entre personajes de la política nacional. Todo esto llegó a tal punto en que actualmente, tanto a mí como a muchos venezolanos, el patriotismo y el orgullo nacional desaparecieron.

Don Guillermo Endara fue un político que tomo las riendas de Panamá después del desastre que dejó la invasión militar de Estados Unidos en 1989. Durante esta época Panamá se vio sometida a un nivel de caos en todos los aspectos que contempla una nación: una inflación que llevaba al punto de que los sueldos de los trabajadores eran lo que llamamos los venezolanos «cesta tickets», el Ejército estadounidense instaladísimo en todo el territorio panameño y el nivel de desempleo y delincuencia al máximo. Aún para ese entonces esta nación se estaba limpiando las cicatrices de regímenes dictatoriales que aparentemente se veían imposibles de derrocar (cualquier parecido con Venezuela es pura coincidencia) y la solución cada día parecía más y más lejos del alcance del panameño.

En la actualidad, si se observa la cantidad de fenómenos que acontecen en Panamá, podemos decir que esta situación es muy particular: Panamá es la cuna de un choque evidente entre culturas donde asiáticos, judíos, colombianos y actualmente venezolanos (la población mayoritaria en estos días) buscan establecer oportunidades de vida aquí. Tenemos a un país cuya capital posee la mayoría de la población, con estructuras y construcciones al estilo de Estados Unidos. Al recorrer ciertas zonas se puede observar la huella que colonias norteamericanas dejaron aquí hasta que Estados Unidos entregó el canal de Panamá a su verdadero dueño en 2001. Zonas como Albrook, Cause Way, por nombrar unos pocos, expresan la evidencia de una pequeña nación que desesperadamente busca surgir del fondo. Si observamos, Panamá y Venezuela poseen sucesos gubernamentales, políticos y económicos similares; la misma estructura de procesos en donde la crisis en los medios de comunicación estaba presente y en donde la libertad de expresión fue completamente anulada; tres o cuatro canales de televisión fueron cerrados en ese entonces y todo el sistema radial estaba guiado bajo los parámetros y doctrinas del general Manuel Noriega. La única diferencia sería que sucedieron en épocas distintas.

Es indescriptible la sensación que se tiene al ver huellas de una cultura panameña que se parece tanto a la cultura oriental venezolana; ver detalles que recuerdan a una Venezuela que es posible que pueda salvarse, como la posibilidad de que más nunca la vuelva a ver… En medio de tanta conmoción, lo único que suena en mi mente y en mi corazón es: si Panamá pudo, ¿por qué Venezuela no?

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