
El Metro de Caracas transporta diariamente 1.460.066 pasajeros
Venía yo plácidamente durmiendo en el metro. Su zumbido y airecito -cuando está vacío- me arrulla como a un niño en brazos de su madre. Definitivamente en esta ciudad tan agitada pegar el ojo en la comodidad de un vagón es un exquisito placer cotidiano.
Lo recuerdo claramente: íbamos por Parque Central -qué increíble ese soñoliento subconsciente que no olvida, ¿no?- cuando un grupo de jóvenes revolucionarios, como se hacían llamar, comenzó a entregar volantes en apoyo al controversial Sí. En primera instancia me pareció una desfachatez de parte del muchacho haberme sacado de mi placentero camarón, pero para evitar polémicas y ser educada se lo acepté; después de todo, una vez yo también panfleteé en el metro -desde el otro lado de la fuerza, claro- y una señora vestida de rojo hasta me gritó que me fuera a panfletear a los Estados Unidos. Nunca entendí qué tenía que ver Estados Unidos en todo eso.
Ya estaba yo de mal humor, pues a nadie le gusta que lo saquen de su siesta, cuando los defensores de la revolución bonita comenzaron a gritar: «¡Educación primero al hijo del obrero. Educación después al hijo del burgués!». Cualquier remanente de sueño que quedara en mí desapareció al instante, abrí mis ojos a lo que daban. Miré a mi alrededor en busca de apoyo moral, pero la mayoría lucía indiferente. Gracias a Dios me topé con los ojos de una señora que andaba en el mismo plan que yo. Al verme con cara de tristeza me dijo: «No hay derecho».
La segunda vez que sonó la consigna -porque la repitieron continuamente hasta que llegamos a la siguiente estación- asumí que parte de ese mensaje era para mí, pues yo estudio en una universidad de las que el señor de la boina llama burguesas y que es de abierta opinión opositora. La paradoja de todo esto, pensé yo, era que esos jóvenes tendrían la misma edad que yo,

En Venezuela hay 4.984.453 planteles que imparten educación básica de los cuales sólo 914.586 son privados
luego crecieron parte de su primaria y todo su bachillerato bajo el mandato de su querido comandante. Ellos estaban deacuerdo conmigo -imagino que no conscientes de las implicaciones que eso tenía- con que en Venezuela la educación pública, asumiendo que a ésa es a la que tiene acceso el hijo del obrero, es de terrible calidad. Ahora, siguiendo este supuesto, ellos en su consigna expresaban su mayor repudio al sistema educativo venezolano actual, afirmando así que la administración actual ha fallado en proveer exitosamente uno de los servicios básicos más importantes para el desarrollo de una nación. Entonces concluí que ellos no le hacían campaña a la reelección indefinida de un gobierno que había satisfecho sus necesidades básicas, sino a la de uno que de tanto repetir había logrado convencer a los muchachos de que repitieran sus argumentos revolucionarios sin mayor prejuicio.
Los jóvenes bolivarianos con los que yo me topé no decidieron realmente por qué querían enmendar la constitución, ellos saborearon una campaña propagandística que les sonrió. ¿Y tú? ¿También comiste campaña, pero quizá de otro sabor?


Hola señorita, muy bueno esto, yo me imagine otra cosa de esto pero igual se lo comento, hay gente que es revolucionaria por selo, eso no es así, en todos los bandos hay extremismo, voy a ser sincero pero yo soy de esa gente que esta con el proceso preo también hago críticas para que la misma revolución se apegue al carril, el mismo presidente lo ha dicho, la autocrítica, y bueno, ahi le dejo esto, mi blog es este, esta en mi nombre al darle click, mi correo es este saporey32@hotmail.com, hasta luego que sigan con su trabajo periodistico y de vivencias que ustedes tienen, besos bonita.