Desde muy cerca llega la cadena de Chávez, que cuenta la premiación de una nueva prole de hombres nuevos, o algo parecido. No importa la fecha, todos los días es igual. Desde arriba, el sol. En la cola, la señora de atrás se queja de lo mismo. Son las 3:30 de la tarde. La zona: Plaza Venezuela. El pronóstico: una hora más para que llegue el autobús.

Minutos pasan. Una vez en la camionetica, se deben sortear y esquivar los asientos con huecos o con colchones despegados del cuerpo de la silla. El pasaje cuesta 3 bolívares fuertes, por lo menos sería agradable trasladarse cómodo.

Justo antes de cerrar las puertas, se monta un joven, no mayor de 30, con un koala negro y pinta de vendedor. «Buenas tardes… He dicho: buenas tardes. ¿Cómo están? Sé que tienen ganas de lanzarme por la puerta de este autobús, pero uno de los dones que nos dio Dios fue el de la educación. Así que repito: ¡Buenas tardes!». Entre dientes y mirando hacia cualquier parte, la gente responde. Poco a poco se entona con su discurso.


Nos pregunta si no es cierto que todo el mundo tiene derecho a elegir un trabajo digno —en ese momento sonreí—, también dice que viene de Colombia y que pertenece a una asociación de artesanos colombo-venezolanos que montó una feria «por aquí» —me volví a sonreír: Chávez y su guerra, Chávez y sus insultos, Chávez y su terrible equivocación.

Nos pide que compremos la entrada «que no es un papel, porque se arruga o se moja. Es uno de estos anillos con grabados peruanos». Con adivinanzas logra involucrar a la gente; más aún cuando menciona las palabras completamente y gratis.

Yo me quedé en su discurso: «Elegir un trabajo digno». Me pregunté a qué se refería y pensé en servicios básicos y remuneración fija. También en cuántas personas en realidad tenían la opción de hacer eso por estos días. Según los indicadores de Sistema Integrado de Indicadores Sociales de Venezuela (Sisov), con sus datos más recientes, para el segundo semestre de 2008, el 43,4% de la población pertenecía al sector informal. Saque la cuenta ahora.


Actualmente, es mayor el número de ciudadanos que recurren a este y otros métodos en los autobuses, semáforos y autopistas para sobrevivir y ayudar a la supervivencia de los suyos. Personas a las que se les seca la saliva y el ánimo con tal de lograr una respuesta del pasajero o conductor.

Y mientras tanto, mientras muchas otras cosas, aquellos que sí tienen un trabajo, como lo son el conductor del autobús, el supervisor de la línea, la junta directiva de la empresa, no ponen un poquito de ese empeño en ofrecer un excelente servicio. No se gastan la cabeza ideando alternativas para que el viaje valga los 3 bolívares fuertes.

Nos quedamos, entonces, detenidos. Porque mientras unos se preguntan si no es verdad que tienen derecho a elegir un trabajo digno, otros decimos: «¿No tengo derecho a trasladarme en una camionetica de calidad?».

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2 Responses to “Sobre el poder de elección o cómo un usuario reflexiona en mitad del caos”

  1. Patricia González dice:

    Me parece conocida esta historia jaja…
    Wao!! Esta es la realidad que yo vivo todos los días. Qué triste! Y para más colmo, ahora solo aceptan 7 tickets estudiantiles por autobus, y el estudiante que no tenga con que pagar el pasaje le toca esperar otro para poder entrar entre esos 7 tickets…Y si se empieza a hacer de noche,a cuidarse de los asaltantes.Esa es la realidad!!

  2. Estoy viendo a una gran periodista en estas líneas… Pero de las periodistas de verdad, no de las mises “anclas” de tv… Qué orgullo decir que te conocí…

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