- Aumento del sueldo mínimo en dos partes: 10% a partir de marzo, que lo llevaría a Bs.F. 1.064,25 mensuales; y un 15% a partir del 1 septiembre que colocará la remuneración en Bs.F. 1.223,89.

Ráfaga de olores avinagrados. Una mezcla de pescado y limón y algunas botellas de refresco colocadas en las esquinas. Allí estaban los cuerpos marinos congelados que el sol de la tarde amenazaba con descomponer. A lo lejos, en la calle, la bulla y la gente, el ajetreo; la única forma que conocemos de vivir. Y más ahora desde que la devaluación y las expropiaciones hacen incisiva una crisis que va sin frenos.

Andrés López, de 24 años y estudiante de Administración de la Universidad Católica Andrés Bello, núcleo Los Teques, es el encargado esta tarde de atenderme. Hay poca gente y el calor ha ahuyentado a las pocas moscas que se paseaban por las vitrinas. López trabaja en una pescadería en San Antonio de Los Altos, y al mencionar el tema de los ingresos arruga la cara.


Actualmente, el sueldo mínimo son Bs.F. 967,50 al mes.

Al preguntarle su opinión acerca del aumento del salario mínimo anunciado por Hugo Chávez el pasado 15 de enero, dice que es una medida más «populista que planificada». Sin embargo, cree que era lo que le tocaba hacer: «Tenía que tomar una medida así para que no le pegara tanto a la gente y para afrontar los nuevos aumentos de precios que vendrán».

No está seguro de si es una medida que lo ayudará frente a la crisis, pero luego lo piensa mejor y dice: «No creo, porque ya antes de la devaluación igual no alcanzaba para nada el sueldo mínimo. Entonces ahora menos».

Le pregunté cómo administrará sus ingresos: «Como lo he estado haciendo siempre. Compraré lo más necesario y luego, si me alcanza, compraré otras cosas que también necesito, pero que no son tan urgentes. Tú sabes, ¡los reales hasta donde alcancen!».


- Según Hugo Chávez, la medida es «para continuar disminuyendo la pobreza, lo que elevará el ingreso de los sectores que estuvieron excluidos».

Frente a esta situación, comenta que cada vez tiene menos derecho a elegir en este país, «porque cada vez son menos las cosas en las que tengo opciones para decidir. Últimamente me conformo con lo que hay».

Ésta es una realidad que ya se ha hecho costumbre. Una repetición tenebrosa que no sólo restringe las oportunidades del individuo en el ámbito de los ahorros, y en cualquier otro, sino que deja la sensación de no hacer nada.

Son muchos los que dicen que se les acaban sus opciones, los que se quedan detenidos mientras la vida pasa y se hace más difícil. ¿No es hora de romper con esa cadena de lamentos? Hay que levantarse y exigir respeto. Acabemos con las historias tristes. ¡Atrévete a exigir tu derecho a elegir!

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