Editorial Planta Baja*
Escasez y controversia nos hacen a los venezolanos día a día sobrevivientes y héroes, revolucionarios y reaccionarios. Así, por ejemplo, las regulaciones de precios son para el pueblo, según unos, y en contra de éste, para otros. Pero sólo los ciudadanos sabemos cómo nos afecta el país, el almuerzo, la casa, la cartera. Nosotros somos jóvenes que hablamos del país y lo vivimos desde la acera, el metro, el carrito, en las faldas del Ávila.
Y es que observamos en la actualidad dos nuevas modas: el si-si, y el «al contrario». El si-si es el no hay más remedio, el «Esto es lo que hay», de los Amigos Invisibles. Ante la escasez de productos y servicios básicos hemos desplegado toda una habilidad de resolver que al principio nos hastiaba, pero que ya casi llega a enorgullecernos «el venezolano donde lo pongan se las arregla, porque está acostumbrado a que no haya». «Si no hay, no se come», «si no hay acera, hay calle», «si no hay éste, dame el otro», «si no hay libros, veo televisión», «si no me atienden bien, me la calo», «si llego». Y no nos damos cuenta de que con cada «si no hay» se van perdiendo nuestra oportunidades y preferencias, y se va cercando eso que llamamos elegir. Entonces, ¿qué es lo que verdaderamente elegimos y para qué?
El fenómeno «al contrario», por su parte, se evidencia en el hecho de que en nuestras mentes ya «todo es posible»: canales de televisión que son partidos políticos, estudiantes gobernantes y gobernantes que son pueblo. Por tanto, caemos en el hábito de aceptar que todo funcione como se promete y al contrario sin que eso nos parezca un problema. En este caso, agregamos un orgullo más como venezolanos: «no nos sorprendemos fácilmente, uno siempre se puede esperar cualquier cosa». De este modo nos parece normal que a los gerentes les vaya mejor como taxistas, que las oficinas públicas se conviertan en universidades, que el Estado elija y sus ciudadanos callen y que se disminuyan en vez de ampliarse las opciones, así y al contrario.
Este efecto se aplica a todo, incluso en el ámbito de las políticas públicas nos encontramos «tan abiertos» que aceptamos cualquier cosa: por ejemplo, hagamos una visualización de nuestras mentes…. «Cadivi: para el logro de la estabilidad económica y el progreso del país, y al contrario», «Reestatización de Sidor: bajo gestión directa de sus trabajadores, y al contrario». Y observamos casos extraordinarios: universidades que dejan de asistir a competencias internacionales por Cadivi, pequeños que dejan de montar caballitos eléctricos por conflictos en Sidor, lectores que se están cambiando de la literatura fantástica a la gastronómica. Puede suceder todo, y al contrario.
Pero entre los miles de ciudadanos, cada uno con su historia, existen algunos casos como la comunidad del Consejo Comunal La Quintana en Los Teques, que decidió no estar a la moda (si-si), desechar el «al contrario», y vender zapatos en un centro comercial para mejorar su comunidad. Robert Salazar, igualmente, nacido en Cumaná, también escogió no ser parte de lo que está en boga (si-si), ni reír de tantos «al contrario». Se dejó de cuentos, se cansó y se dispuso a afrontar su comunidad él mismo. La comunidad Nuevo Mundo en Cumaná ya no es desconocida para Hidrocaribe, ni tampoco se acostumbra a que falte el agua.
¿Tú qué opinas? ¿Prefieres las tendencias o creas tu estilo? ¿Más o menos opciones?
La prensa nacional tiene su agenda informativa, nosotros en Planta Baja la nuestra: el ciudadano.
Equipo Planta Baja


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