
Se espera que la zafra de noviembre llegue a 6 millones de toneladas de azúcar.
En los próximos meses, las bebidas refrescantes y los jugos de pulpa podrían desaparecer de las estanterías de los supermercados. Todo apunta a que dentro de poco ya no serán necesarios los locales de abastecimiento con diez pasillos de anaqueles. ¿Para qué servirían si no habrá productos para llenar tantos estantes? Con una o dos hileras de estanterías bastará para colocar a la vista los reducidos inventarios.
Actualmente, la caída de la producción de azúcar en el país ha impulsado a las autoridades a regular el despacho de materias primas a las grandes empresas que forman parte de la Asociación Nacional de Bebidas Refrescantes.
Por esta razón, las compañías productoras de refrescos han anunciado que, de no regularizarse la entrega, se deberán tomar medidas radicales ante la crisis. Incluso podría ser necesaria la paralización de algunas líneas de producción de estas empresas por tiempo indeterminado y poniendo miles de empleos en riesgo.

Para satisfacer la demanda nacional se requieren más de 9 millones de toneladas.
Las empresas que elaboran bebidas refrescantes buscan la manera de sobreponerse de los embates de la escasez de producción. Mientras tanto, representantes de SADA (Silos, Almacenes y Depósitos Agrícolas) aducen que no pueden consentir que empresas como Coca-Cola o Pepsi-Cola manejen grandes inventarios de azúcar, cuando existen graves problemas en los mercados de consumo doméstico en el país. Ante la escasa producción nacional, y a raíz de los retrasos de la zafra (cosecha de la caña dulce) de este año, se ha hecho necesario recurrir a importaciones de países como Brasil. Sin embargo, se trata de una solución a corto plazo que además ha resultado poco fructífera.
En las últimas semanas, a causa de problemas climáticos, no se ha podido concretar el traslado del dulce elemento de Brasil a Venezuela y, por lo tanto, se ha producido una considerable disminución en las materias primas disponibles para el procesamiento de bebidas azucaradas.
Cabría preguntarse qué tanto funciona la medida impuesta por SADA. Después de todo, en los supermercados sigue faltando azúcar. ¿Ahora faltarán también los refrescos?

De paralizarse la producción de bebidas refrescantes, se pondrían en peligro 20 mil empleos directos y 75 mil indirectos.
Quienes acostumbran agasajarse los fines de semana con un dulcito por el trabajo realizado en los días anteriores, tendrán que recurrir a otros métodos. Y aquellos que están acostumbrados a refrescarse los viernes por la noche con el roncito de rigor, acompañado por la gaseosa de su preferencia, deberán cambiar sus costumbres.
Al parecer, nos obligarán a pasar de ser un pueblo alegre y dicharachero a uno de amargados y abstemios. Lo más aconsejable es que comience a prepararse para sufrir ataques de hipoglucemia.
Por ahora, sólo queda elevar plegarias a Celia Cruz, para ver si nos consigue un poco de su azúcar. Entre tanto, se augura un futuro bastante amargo…
