
La Relatoría Especial para la Libertad de Expresión de la CIDH, ha mostrado su preocupación por la situación de la libertad de expresión en países como Nicaragua, Perú, Colombia, Venezuela, Ecuador, Argentina, Hondurad, Bolivia, México y Brasil.
En América Latina la situación de la libertad de expresión es sumamente delicada. En un considerable número de países observamos fuerte presión sobre la labor de los medios de comunicación, según los últimos informes emanados de la Relatoría Especial para Libertad de Expresión de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. Esto despierta las airadas críticas de quienes como yo consideramos la libertad de expresión un derecho humano fundamental, ya que no sólo nos permite expresarnos y decir lo que pensamos o denunciar lo que consideramos está mal, sino que a su vez es garantía del derecho humano a estar bien informados acerca de lo que pasa en nuestro entorno.

Según cifras del Comité para la Protección de los Periodistas en su informe 2009, fallecieron 71 periodistas en el ejercicio de sus funciones, con un 94% de impunidad.
Es así como en los últimos años se han recrudecido los ataques contra la prensa, cierre de medios de comunicación, canales de televisión, emisoras de radio o revistas. En la misma línea la violencia contra periodistas se ha elevado fuertemente y Latinoamérica ha pasado a ser el segundo continente más peligroso para el ejercicio del periodismo en cuanto a número de asesinatos, según el informe 2009 del Comité para la Protección de los Periodistas. A su vez, los ataques y agresiones contra los comunicadores sociales son auspiciados a través de los discursos violentos e irresponsables de los cabezas de gobierno en el continente, lo cual exacerba aún más el clima de hostilidad contra los periodistas.
Expresarse es cada día más difícil. El hostigamiento contra la prensa que se ha venido desarrollando en los últimos años comienza a mostrar sus frutos: medios de comunicación blandengues que, lejos de cumplir con su rol, se prestan como cómplices de regímenes tendientes al autoritarismo y al control total de la sociedad en sus formas de expresión.

La violencia contra los periodistas, no solo se limita a asesinatos, también incluye agresiones físicas, presiones, secuestros, atentados, encarcelamientos, destierros, entre otros casos.
Sin duda, hace falta un cambio en los medios de comunicación, hace falta un verdadero compromiso con la ética del periodismo. La prensa debe ser el fiel reflejo de lo que pasa en las sociedades, no el reflejo de los intereses de grupos políticos o económicos con fuerte influencia debido al poder que ostentan. Los medios de comunicación deben ser eso, medios de expresión de las carencias y necesidades del pueblo, deben ser el reflejo de lo bueno y lo malo que pasa en nuestras sociedades, alejados de cualquier interés de grupo particular alguno.
Debemos levantar nuestra de voz de protesta y clamar por medios de comunicación realmente libres e independientes, que cumplan con su verdadero rol, que es informar veraz y objetivamente, y también fungir como espacios recreativos para la población. Ninguna limitación a la libertad de expresión puede ser concebida en un Estado democrático. Los medios son el vehículo de la libre expresión y por ende ninguna presión o limitación a su actividad puede ser permitida. La censura y la represión te quitan espacios, ensordecen tu voz, suprimen tus ideas y sólo imponen lo que a alguien más le conviene.

